Al poco tiempo comenzaron a edificar otra a su lado pero como casualmente entre los dos dejaron un espacio lo suficientemente ancho que me permitía ver parte de las islas y las puestas de sol, la verdad es que no me importaba mucho.
Durante el tiempo que duró su construcción nos animábamos pensando que conservarían dicho espacio, igual con un jardín o una construcción más baja y que podríamos continuar disfrutando de los atardereces y sus preciosas puestas de sol. Pero no, nos edificaron otro más bajo, pero con la altura lo suficientemente alta, como fastidiarnos las puestas de sol.
Menos mal que por otros laterales de la casa tenía muy bonitas vistas, como estas en la que se puede ver la iglesia de la Virgen de Fátima y el cerro Chorrillos.
Dicha iglesia que está a cargo de sacerdotes de la Compañía de Jesús se encuentra en la Avenida Armendariz de Miraflores, durante los cuatro años que viví allí la vi pintada en dos colores.
En Lima es costumbre, o por lo menos lo era en aquellos tiempos el pintar las fachadas de las casas cada dos o tres años, cuando se acercaban las Fiestas Patrias, y siempre se cambiaba de color. Mi departamento en un principio estaba pintado de verde y a los dos años lo pintaron de amarillo y las puertas de los garajes que eran de madera y conservaban su color natural las pintaron de azul eléctrico.
Iglesia Virgen de Fátima 80x60



